Conocí a Lola hace un par de meses, gracias a una amiga que nos presentó. Había estado buscando supervivientes de cáncer, que tuvieran más de 10 años libres de la enfermedad. Lola estaba por cumplir los diez como superviviente de cáncer de mama.

 

“Aideé, así fue como comencé esta gran aventura, que cambió mi vida”. Fueron las primeras palabras que Lola me compartió. ¡Aventura! ¡Cambió su vida! Desde ese momento supe, que Lola era un ejemplo buenísimo de supervivencia y que me caería muy bien.

 

A sus 70 años, con 48 de casada, y con 9 años y 5 meses libre de todo cáncer, Lola luce espectacular. Es de esas personas que te llaman la atención a primera vista, por lo atenta y sonriente que luce.

 

Congeniamos de inmediato. Disfruté mucho de esa primera plática con ella. Habíamos ido a comer. La comida me supo a nada, al lado de su plática.

 

“Al igual que tú, y al igual que muchas, nunca pensé que me iba a dar cáncer de mama. Después del diagnóstico, ni siquiera quería pronunciar la palabra “cáncer”. Sin embargo, los caminos de Dios son diferentes a los míos. Y aquí estoy; tú y yo aquí estamos”.

 

“Confieso que a veces tengo días buenos y otros no tan buenos. La actitud influye mucho. Y así quiero seguir viviendo: con una positiva actitud. Doy pequeños pasos, siempre firmes”.

 

“El primero que me acompañó en todo esto fue Dios. Luego los doctores, la medicina, y muy importante, el gran apoyo de mi esposo, mi familia, amigos y amigas”.

 

“Siempre había comido saludable. Me ha gustado combinar los colores en mis platillos. Mi problema, y lo confieso, es que me costaba un poco hacer ejercicio. Lo que he hecho ahora, es iniciar poco a poco, y de ahí, ¡me arranco!”.

 

Después de las cirugías para quitar el tumor, Lola desarrolló linfedema en uno de sus brazos, que es la acumulación de líquido linfático en los tejidos que se encuentran debajo de la piel. Con linfedema, el brazo pesa, se hincha, crece, duele. Este es un padecimiento a veces común entre mujeres con cáncer de mama, pues al quitar ganglios de la región axilar, el tránsito del líquido linfático se hace torpe, lento, no hay buena circulación.

 

“Sólo puedo caminar, pues tengo problemas con mi brazo. Después de la cirugía vino una persona de la Sociedad Americana de Cáncer, a enseñarme unos ejercicios para la rehabilitación del brazo. No perdí el seno, pero sí desarrollé linfedema. Camino un mínimo 30 minutos al día, y hago un poco de ejercicio de piernas en casa”.

 

¡Gracias Lola por enseñarnos con tu sonrisa, paciencia y actitud, que se pueden alcanzar grandes cosas, grandes sueños! ¡Gracias Lola, por hacer de tu vida una total aventura y por invitarnos a ser parte de ella!