“Un bar aux Folies Bergère”, del pintor Édouard Manet

 

Esta es la historia del “extra” que ganó mi fidelidad.

 

Un tema que me gusta mucho es Servicio al Cliente: darlo y recibirlo. Puedo ser una dura crítica cuando no recibo un buen servicio. Sin embargo, al mismo tiempo, un servicio extraordinario puede ganar mi fidelidad para siempre. Les cuento una historia:

 

Era el mes de junio de 2013. Un día entré a una tienda de cosas de belleza, maquillaje, etc. Estaba en medio de quimioterapias, así que había perdido todo el pelo que podía tener en mi cuerpo. Esto incluía mis pestañas y mis cejas (que siempre habían sido muy gruesas). Me veía muy diferente; hasta puedo decir: rara. Y para mi, durante mi tratamiento, siempre fue importante verme bien, para sentirme mejor.

 

Quería comprar maquillaje para pintarme las cejas. No tenía idea por dónde comenzar. Además, quería comprar el maquillaje que fuera libre de todo químico relacionado con cáncer. Eso reducía mi búsqueda a unas cuántas marcas.

 

Al parecer fui a una hora donde no había casi nadie disponible para darme ayuda. Andaba media perdida, buscando aquí y allá.

 

Al fin, una señora me vio, y se animó a preguntar: “¿Le puedo ayudar en algo?” Esta señora, que se llama Carmen, era una de las jefas de una línea de productos muy famosos por tener “eyebrow bars”. Es decir, una “barra” donde lo que hacen es arreglar las cejas, dejarlas bonitas, depilarlas con varios métodos, etc. Trabajan, en pocas palabras, en quitar algunas cejas para hacer de ellas unas obras de arte. Pero yo no tenía ni un pelo, así que Carmen no tenía nada qué hacer conmigo, o en qué ayudarme.

 

De todas formas, le expliqué por qué estaba ahí. Y me entendió MUY bien.

 

Carmen supo que “su marca” no era para mí, porque es una línea que tiene químicos no tan buenos para el tratamiento en el que me encontraba. Entonces, se fue a buscar un maquillaje menos tóxico (de otra marca). Y regresó con un maquillaje para las cejas y unas plantillas para “calcar” las cejas y así pintarlas. Le dije que no tenía idea de cómo hacerlo, puesto que nunca lo había hecho antes.

 

Dije eso y me sentó en su silla de la “barra”. Sacó las plantillas y me dio una clase de cómo pintarlas. ¡Me dejó unas cejas (maquilladas) como nadie nunca lo había hecho! Claro, si las veía de lejos parecían naturales. ¡Y yo me veía muy bien!

 

Carmen hizo por mi algo que no le tocaba. Es más, ella se dedicaba justo a lo contrario: a quitar cejas…no a pintarlas.

 

Los meses pasaron y tuve más ceja. Y fui con Carmen cada tres semanas o cada mes (¡hasta que tuve que mudarme a otra ciudad!). Carmen fue mi “barista” consentida. Fue y es mi amiga. Me preguntaba cómo estaba, cómo iba. Me cobraba, eso sí, mas del doble que si yo hubiera ido a otro lugar. Sin embargo, no me importaba. Carmen valía eso, y más.

 

Aunque no compro, ni compraré productos de su marca, ellos tienen ya un cliente de por vida al hacer de mis cejas una obra de arte. Bueno, para ser exacta, Carmen fue quien ganó un cliente para ellos.

 

Tengo que confesar que me he encontrado a muchas mas personas como Carmen. Muchas. Sin embargo, con cierta frecuencia, aún me topo con su opuesto. ¿Cómo sería la vida como mas Carmen-es por ahí? Personalmente tengo mucho qué aprender de ella. ¿Qué tanto damos “de mas” en el día a día? ¿Lo intentamos? Y me cuentas cómo te va…