Me atreví a tomar esta foto hace un par de meses, saliendo de un supermercado de lo más nice en Dallas. Hacía frío. Me encontré a esta mujer que andaba descalza comprando su despensa. Esta mujer, llamémosla Lupita, me hizo reflexionar en cómo caigo fácilmente en juzgar.

 

Lo primero que hice cuando la vi fue juzgarla: “Qué locura”. “Pobres pies”. “No me quiero imaginar las uñas”. “Cómo puede pasear por la zona de frutas y verduras descalza”. “Esto es de valientes”.

 

Quise entender sus razones; sin embargo, eso no iba a suceder. Éramos perfectas desconocidas.

 

¿Cuántas veces nos pasa esto? ¿Somos prontos para juzgar? Confieso que a veces sí caigo en ese juego. Y ese día me propuse a conciencia dejar a un lado la tentación de juzgar y etiquetar.

Les comparto esta sencilla guía de reflexión que hago cuando me topo con decisiones muy diferentes a las que yo tomaría:

 

  1. La persona actúa por una razón. Razón que tal vez es desconocida para mí; sin embargo, existe. Esta mujer que les platico, por ejemplo, seguro tuvo alguna razón para andar paseando por el supermercado descalza. Existió una razón y ella tomó una decisión.
  2. Las decisiones de los demás, merecen mi respeto. Puede ser que no comparta su punto de vista, sus razones. Pero, ¿porqué quiero pensar yo como ella, o que ella piense como yo? Somos diferentes. Y no tenemos por qué pensar igual.
  3. Si la decisión que toma alguien más (ejemplo, andar descalza) no me hace daño, ni hace daño a la sociedad, enfoco mi visión y fuerzas en seguir produciendo y viviendo con intensidad.
  4. Si la decisión me hace daño, o a la sociedad, entonces actúo para ayudar a cambiar la situación, me involucro y me comprometo.
  5. Si la decisión que toma alguien más (otra vez el ejemplo, andar descalza) hace daño a quien está tomando la decisión, y creo poder influir positivamente en su vida, veré la forma con prudencia de involucrarme y comprometerme para ayudar a cambiar.

 

Lupita me hizo pensar en las decisiones que toman los SuperVivientes de cáncer u otras enfermedades: cada persona que vive una enfermedad tiene una forma diferente de entender, de enfrentar o de procesar la prueba. ¡Y a veces me encuentro juzgándolos! Seguro existen razones y merecen mi respeto.

 

He conocido SuperVivientes que sí “luchan”, y otros que no. Unos que quieren cambiar hábitos, y otros que prefieren seguir igual. He encontrado los que van por caminos alternativos, y otros que van por los tradicionales. Los que quieren mejor no pensar en la enfermedad, y los que hacen de ella su vida y misión para compartir.

 

Esto nos enriquece, sin duda alguna. ¡Bravo por las múltiples formas de SuperVivir!

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¡Vamos a SuperVivir y salvar muchas vidas!

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