Recuerdo la primera vez que invitamos a cenar a 6 o 7 familias a la casa. Teníamos poco de estar viviendo en Estados Unidos y nos propusimos hacer un buen grupo de amigos. “¡Qué vengan todos a la casa para festejar las fiestas patrias!” Estando en la Ciudad de México disfrutábamos muchísimo ser anfitriones. Aquí no sabíamos (aún) lo que esto implicaba =).

Esa noche había en la casa más de 20 niños en total. Aún no teníamos muchos muebles así que en el lugar dónde estaría la sala-comedor, lo acondicionamos como el cuarto de juguetes.

Cuando el festejo terminó, no podía dar crédito a lo que mis ojos estaban viendo. No podía caminar sin pisar un juguete, un tren, una pieza de rompecabeza, un tambor, unos colores, un carrito, la casa de campaña, una muñeca, una tazita de té… Como decimos en México, estaba eso hecho un “tiradero” (desorden). “¿Así juegan los niños?”, me pregunté. Nuestra hija tenía tan sólo 2 años y al ser hija única apenas nos estábamos estrenando para muchas cosas. Por supuesto, esa noche aprendí también que, aquí en Estados Unidos, las visitas y los amigos no se van hasta que las casas vuelven a quedar “rechinando de limpio”. ¡Fiu!

Dos años después de esa noche de festejo, estábamos mi marido y yo buscando escuela para nuestra hija en Napa, California. Recuerdo que visitamos 13 diferentes escuelas. Todas me parecían demasiado…artísticas y con un aparente toque de desorganización. Una mañana, al visitar una de ellas, volví a hacerme la misma pregunta: “¿Así juegan los niños?”. Habíamos llegado a la hora del descanso, así es que los niños estaban en el patio. Más de 150 niños al mismo tiempo jugando en columpios, resbaladillas, areneros, triciclos, cocinetas, con burbujas, con gises (tizas)….y con lodo y agua también. Cuando le pregunté a la directora por el horario de ese día, me respondió que los niños tenían diariamente 2 horas de juego libre en el patio. ¡Dos horas! En mi interior no me hacía sentido pagar una colegiatura estratosférica por una escuela dónde estaban 2 horas en un salón y 2 horas despelucándose (según yo) en el patio, sin ninguna o muy poca estructura.

¡Evidentemente he cambiado de opinión! Los niños supervivientes juegan así: libres y en el “caos”:

  • Hoy me gusta este “buen caos” al jugar; incluso, yo misma lo provoco.
  • Hoy aprecio la “belleza” de ver un cuarto de juegos desordenado, pues sé que ha sido muy bien utilizado. Claro, esto se convierte a su vez en una gran oportunidad para los niños de ser responsables y recoger su lugar de juego al terminar.
  • Hoy valoro cómo mi hija, y sus amigos, juegan, se imaginan, inventan personajes, se disfrazan y resuelven problemas combinando materiales, marcas, personajes, sin prejuicios.
  • Ahora entiendo que este “juego en el caos” sí requiere de una planeación y una intención formativa, pues necesito preparar un ambiente seguro (físico e intelectual), los materiales adecuados, el tiempo para hacerlo. ¡Planeo para el caos!
  • Hoy entiendo que los adultos observamos, facilitamos, re-direccionamos este juego libre para que los aprendizajes sean significativos, más no intervenimos para ordenar qué hacer, pensar o decir.

Te invito a leer más sobre las bondades del juego libre para supervivir en este artículo de Sandra Rosekat.

¿El grupo de amigos de las fiestas patrias que me introdujo al juego libre y con algo de caos? Los adoro. Ellos son ya parte de nuestra familia.  ¿La escuela que finalmente elegimos en California, excesivamente creativa y con un toque de desorganización? Ha sido una de las mejores experiencias de aprendizaje para María Andrea y para nosotros como papás. Hasta el día de hoy, no ha llegado maestro alguno que le quité a “Miss Marla” su lugar de honor.