Esta es la segunda parte de la entrevista realizada a Miryam Ávila. Descubre los caminos que ha recorrido para SuperVivir y que hoy quiere compartir contigo…¡Gracias Miryam!

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Miryam, ¿alguien más a tu alrededor, se ha sumado a tus cambios? ¿Cómo lo han tomado?

En un inicio todos a mi alrededor, incluyendo mi familia, me veían como “la loca”, ¡como psicópata! Varias veces me comentaron, que estaba exagerando. Muchas otras personas, sólo me observaban con cara de ¡pobrecita, enloqueció! Sin embargo, pasó el tiempo y pudieron ver que cada día mejoraba. Me veía mejor, estaba más fuerte, ganando peso, con más músculo. Mejoró mi energía y pude retomar actividades que había dejado durante los tratamientos de quimioterapia y radiación, pues estaba muy fatigada.

 

Ahora mi marido lleva conmigo el 70% u 80% de mis nuevos hábitos. Mi madre cambió también un poco su alimentación, y hace un poco de ejercicio. Ahora, algunos de mis amigos, familia y hasta desconocidos, me solicitan consejos de cómo preparar algunos alimentos o acerca de dónde conseguirlos. Consejos de cómo pueden empezar a cambiar su alimentación o hábitos”… todo eso me hace sentir muy feliz.

 

¿Qué camino recorriste para estar hoy saludable? Platícame de tus tratamientos, doctores, prácticas, hábitos. 

El camino que he recorrido, y sigo recorriendo hasta el momento, ha sido difícil, y doloroso; sin embargo, de muchísimo aprendizaje.

 

Han sido dos años, durante los cuales he pasado por lumpectomías, tratamientos dentales para remover amalgamas (todos los metales tóxicos), tratamientos de quimioterapia, radiación, doctores holísticos y alópatas de todo tipo: Reflexología, dentistas, medicina celular, biomagnetismo, medicina cuántica, colónicos, cardiólogos, endocrinólogos, oncólogos, cirujanos plásticos, ene visitas a laboratorios, y cualquier cantidad de inyecciones, piquetes, suplementos y medicamentos.

 

Practico yoga cinco días a la semana. Hago meditación a diario. Llevo una buena alimentación, basada principalmente en cero lácteos, cero carne roja, cero harinas blancas, cero azúcar refinada, casi nada de comida procesada (un 5% o nada), jugos verdes naturales todos los días.

 

Mi estilo de alimentación está basado en la dieta de la sangre. Soy tipo A+, por lo que como casi como vegetariana. No como gluten o trigo. Trato de hacer 5 o 6 comidas al día. Hago terapia de reflexología una vez por semana. Tomo suplementos diarios, para terminar de fortalecer mi organismo. Camino tres días a la semana. Hago un masaje linfático a la semana. Hago terapia de ondas electromagnéticas tres veces por semana, para desintoxicar el organismo. Lo más importante… visito a mi oncólogo cada 3 meses.

 

Cada terapia, cada peso gastado, cada pastilla tomada, cada doctor visitado, cada dolor y tratamiento ha valido la pena, ya que al día de hoy,  me siento mejor que nunca, mejor que hace muchos años. Me siento fuerte, feliz, plena, y mas positiva que nunca”.

 

¿Qué haces hoy para SuperVivir?

Disfruto mucho de comer sanamente. Para mi, no es una “dieta”. He aprendido que ese dicho que tantas veces escuche es muy cierto: Somos lo que Comemos, por lo que me nació un gusto enorme por la cocina, ahora preparar mis alimentos es uno de mis hobbys .

 

Amo practicar yoga, pues es el momento del día en el cual me conecto conmigo misma. Siento que en ese momento, soy capaz de hacer todo lo que me proponga.

 

Disfruto mucho de la lectura, de investigar diferentes tipos de tratamientos alternativos o nutrición. Disfruto la vida de una forma más sencilla, pero no menos especial, como salir de la mano con mi marido, disfrutar todos los días de un desayuno a su lado. Disfruto mucho las caminatas al amanecer en la playa, cuando tenemos la oportunidad (cosa que no hacíamos casi nunca), de platicar con mi familia y reírnos de mil tonterías juntos.

 

Disfruto de caminar con nuestro perrito los fines de semana. Disfruto de los amigos, de mi hogar, como nunca antes, y disfruto cada día cuando despierto, y me siento mejor que el día anterior. En pocas palabras, lo que hago para súper vivir es simplemente …¡VIVIR AL MAXIMO Y FELIZ, TODOS LOS DIAS, MESES, AÑOS ….. QUE ME QUEDEN POR VIVIR!!

 

¿Recuerdas algo chistoso o fuera de lo común, que te haya sucedido durante este camino de SuperVivencia?

Pues me han pasado muchas cosas muy chistosas, y otras no tanto. Una que recuerdo mucho y me hace reír siempre que lo platico, es cuando durante la quimioterapia, exactamente la segunda semana de haber empezado con los tratamientos (lo recuerdo porque estaba perdiendo el cabello), mis hermanos Gaby y Arturo  llegaron desde México, para acompañarme al hospital.

 

Les comenté que me dolía mucho, pero mucho, el cuero cabelludo. Que sentía como agujas, que se clavaban en mi cabeza. Era un dolor muy fuerte e incómodo.

 

Para esos días ya tenía la cabeza rasurada casi a coco. El dolor era tanto, que no podía ni recargar la cabeza en la almohada para descansar.

 

Recuerdo que mi mamá, Alberto mi esposo, y mi  hermana, salieron a comprar comida y algunas cosas que hacían falta. Entonces mi hermano Arturo, que había tomado el papel de mi enfermero, se quedó a cuidarme. Arturo decidió terminar con mi dolor. Estaba tan incómoda y tan cansada, que, me hicieran lo que me hicieran, no tenía fuerza para decir que no. Arturo me llevó al baño, me pidió que me hincará frente a él (que estaba sentado), y tomó mis pinzas para depilar las cejas. Quitó cabello por cabello de mi cabeza. Yo ya estaba exhausta de estar hincada, pero a él no le importó. Me decía que me aguantara, pues así podría descansar del dolor en mi cabeza.

 

Arturo se atacaba de la risa, al ver mi cabeza pues estaba mitad calva y mitad con “casquete corto”. En un momento, el muy canijo se tiró al piso de la risa. Recuerdo, que primero casi lloro de sentimiento (entre el malestar, náuseas, tristeza, etc.). Pero cuando me levanté y me vi en el espejo, con la mitad de mi cabeza calva roja-roja y la otra mitad de “casquete corto”, me veía horrible, pero me tiré al piso riendo como loca, ya que me veía chistosa también . Los dos reímos muchísimo, y ahí me di cuenta que de un momento tan difícil para todos y de tristeza para la mayoría (incluyéndome), tuvimos un recuerdo hermoso de mi hermanito cuidando de mi.

 

Claro que lo peor y más chistoso, fue cuando el muy ingrato me dice: “hermana, lo siento, ya me cansé, así te quedas”. Y así me dejó por dos o tres días, hasta que terminó su trabajo. Gracias a Arturo mi hermanito (el orejón hermoso), pude por fin  descansar mi cabeza sobre la almohada.

 

Cada vez que cuento o recuerdo esta anécdota,  se me llenan los ojos de lágrimas; lágrimas de felicidad de saber cuánto me ama mi familia, ya que todos y cada uno de ellos fueron una parte muy importante durante mi tratamiento y rehabilitación.